El excepcional pedalista boyacense Nairo Quintana, el hijo de don Luis y doña Eloisa seguramente no imaginó cuando recibió de su padre a los 15 años una bicicleta, que esta se convertiría inicialmente en su medio de transporte al colegio donde estudiaba en Arcabuco a unos 20 kilómetros de su casa, sino que sería también en el vehículo que lo llevaría a la gloria deportiva viajando por Colombia y por el mundo.
Su talento ciclístico lo llevó rápidamente destacarse entre los jóvenes de su departamento inscrito en el club Ediciones Mar de Tunja y fue así como apareció en 2009 con en el equipo Boyacá es para Vivirla que para entonces estuvo dirigido por el español Vicente Belda, prácticamente su descubridor, quien propició igualmente su primer viaje a Europa donde el joven Quintana tuvo la oportunidad de ponerse en la escena como un gran escalador.
De ahí en adelante, vestido con la camiseta del conjunto Colombia es Pasión, Nairo inició una meteórica carrera que lo llevaría al olimpo de los Dioses del ciclismo, ganando el Tour del Avenir en 2010, lo que le abroó las puertas para ingresar al sofisticado club World Tour, máxima categoría del ciclismo mundial con el equipo Movistar en 2012 gracias al llamado del mánager del escuadrón telefónico Eusebio Unsue.
LA ÉPOCA DE ORO

Y entonces, desde 2012 su historia ciclística lo muestra año por año convirtiéndose en uno de los más destacados ciclistas del mundo y en el mejor escalador del momento, con una serie interminable de victorias y protagonismo ingresando con una tarjeta de presentación que señala su primera participación en el Tour de Francia 2013 con 23 años: subcampeón, rey de la montaña, mejor joven y ganador de una simbólica etapa (20 de Julio) en inolvidable duelo con el campeón Chris Froome.
Al año siguiente, en medio de otros no menos importantes logros, consigue la consagración definitiva al conquistar la Maglia Rosa como campeón del Giro de Italia 2014, siendo entonces el primer colombiano en ganarla, a lo cual agregaría también 2 años más tarde, la camiseta roja de campeón de la Vuelta a España 2016, casi treinta años después de la victoria de su compatriota Lucho Herrera.

Su carrera deportiva se identifica por la permanencia casi total en el Movistar, registrando solamente un cambio en 2019 pasando al equipo francés Arkea, donde debió afrontar un episodio de no gratos recuerdos, viéndose obligado a no competir en la temporada 2023, regresando después a la escuadra telefónica en 2024 para poner fin a su incomparable carrera.
Se necesitaría de un libro para relatar cada una de las páginas escritas a pedalazos por parte del formidable rutero de nuestro país. Las estadísticas lo muestran omnipresente en las más grandes carreras del calendario mundial – aparte de las tres grandes vueltas -, en Italia (Tirreno), en Francia (Route du Sud), en España (País Vasco, Burgos, Asturias, etc), en Suiza (Romandía), principalmente, pero su prestigio es universal.
Lo ganó prácticamente todo lo que era posible para un campeón de su estirpe. Le quedó solamente por ver hecho realidad su gran sueño, el sueño de la camiseta amarilla del cual estuvo cerca, siendo segundo en 2013 y 2015, con un tercer lugar en 2016, al igual que intentó traer al país una segunda camiseta rosada siendo segundo del Giro en 2017, pero nadie podrá olvidar las épicas jornadas en las que enfrentó a los mejores ciclistas del planeta y tuvo siempre al país y al mundo del ciclismo pendiente de sus pedalazos.
FINAL FELIZ

Hasta hoy, fueron 17 años de su vida dedicados por parte de Nairo al deporte más exigente del mundo en la parte competitiva. Lo hace en Italia, en el Giro dell’Emilia, prueba de un día que coincidentemente fue la primera carrera que ganó en esa nación ciclística hace 14 años.
Hace apenas una semana compartimos su último mundial y este sábado 3 de octubre vamos a registrar su “Last Dance” (último baile) que traducido al idioma del ciclismo será su última firma de planilla, la última presentación de equipos y sus últimos pedalazos en el mundo de las competencias oficiales. Lo hará en la compañía de sus fieles escuderos y rivales, quienes aprendieron a reconocer sus condiciones de gran campeón y extrañarán su magistral facultad para domar las más difíciles montañas del mundo.
Seguirá vinculado al deporte que le dio todo lo que es y lo que tiene para retribuir los beneficios recibidos, motivo por el cual quienes tuvimos el privilegio de verlo nacer para el ciclismo, seguir toda su evolución como ser humano y ser testigos fieles de su inolvidable carrera deportiva, vamos siempre a recordarlo como uno de los más grandes exponentes del ciclismo colombiano ante el mundo, en una historia que ya abarca 75 años.